Cada día tenemos la sensación de que el tiempo transcurre más y más rápido.


La resonancia Schumann (principalmente en la frecuencia de 7.83 Hz) se considera el «latido» electromagnético de la Tierra, influyendo en los ritmos biológicos humanos al interactuar con las ondas cerebrales.

Aunque se ha mantenido estable durante milenios, esta frecuencia de resonancia ha tenido variaciones en las últimas décadas, incrementándose por encima de 12 Hz en algunos registros, lo que ha generado teorías sobre un «aceleramiento» del tiempo percibido, como si el tiempo fuera cada vez más rápido.


¿Tiene el yoga algo que decir a esto?

«Cuando se mantiene ininterrumpida la percepción consciente de integración cuerpo, mente y alma, el tiempo no conoce pasado ni futuro; el tiempo es eterno, y puesto que la eternidad aparece aquí en el tiempo, ustedes y yo nos volvemos eternos. Eso es integración» (BKS Iyengar, El árbol de Yoga, Ed. Kairós)

«El tiempo cronológico y psicológico no tiene existencia en el sueño profundo ni en la absorción total. Al dormir, el cuerpo y la mente se recuperan de sus fatigas, sintiéndose frescos al despertar. En la meditación, el sádhaka experimenta la iluminación» (BKS Iyengar, Luz sobre el Yoga, Ed. Kairós)

La práctica del yoga reconfigura el cerebro, aumentando la materia gris en áreas de adaptación, flexibilidad y gestión emocional. Esta práctica incrementa las ondas alfa (relajación consciente) y las ondas theta (meditación profunda), reduciendo la actividad del sistema límbico (reacciones impulsivas) y elevando neurotransmisores GABA, lo que ralentiza la actividad cerebral y disminuye la ansiedad.